domingo, 20 mayo 2012

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La flor se marchitó

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Fabri_en_rueda_de_prensa

Desde que comencé mi relación con esta maravillosa familia de Tablón Deportivo, allá por Enero de 2011, uno de mis personajes favoritos en la rutina de mis crónicas fue Fabriciano González “Fabri”. Seguramente mi visión del gallego viniera marcada  por su más que frustrante etapa al frente de la UD Almería, a la que como canterano seguía cada domingo. Pero en Granada ha sido otro cuento, y no precisamente triste.

Fue la pasada temporada cuando, tras una mala racha de resultados que precedieron a la fase de ascenso, acuñé un término que definía la fortuna con la que asiduamente el Granada resolvía sus partidos. Lo que era conocido como la flor de Fabri, fue la explicación a la bendición que la diosa fortuna otorgó a los rojiblancos en varios encuentros y que, unido a un trabajo encomiable, tuvo el colofón del ascenso. Pero Primera iba a ser otra historia.

Buenas plantillas que consiguieron su objetivo, con el beneplácito de Pina

Acostumbrado a tener una plantilla muy superior al resto de rivales, como acostumbró tanto en Segunda B como en Segunda –eso de la Liga Adelante dejémoslo para la publicidad-, Fabri ha tenido que lidiar con un toro al nivel de los más modestos de la ganadería de Primera. Él no tenía culpa del alto traspaso que se pagó por Diakhaté, de que Collantes –el mayor desatascador de Segunda- no renovara o de que el punta llegara tarde y mal. Eso, pese a ser una china considerable, ha sabido medio solventarlo. El problema estuvo en la pirámide jerárquica que ha establecido Pina.

La caja de cerillas en la que se ha convertido el vestuario rojiblanco tiene en Fabri al máximo responsable… y en Pina su cómplice. Él mismo declaró que prefiere a los jugadores al entrenador, puesto que ellos son los que salvan al equipo. Cierto, pero el Granada no es una agencia de representación. Es una entidad donde el bien del colectivo –que por cierto posee una hinchada de aúpa- está por encima de si Benítez decide jugar, el fichaje más caro explota –si Íñigo o Mainz están mejor, se siente señor Pina-, o de si se convierte en el nuevo cementerio de elefantes del Benfica.

Como el Feo, Fuerte y Formal de Loquillo

Con dos ascensos que pasarán a los anales de la historia del fútbol granadino, Fabri ha tenido que luchar contra viento y marea en una entidad que empieza a salir de la improvisación como medio de vida. Si bien siempre achaqué cierto conformismo del Granada como visitante la temporada pasada –nadie puede negar que el bajo rendimiento fuera de casa se debía en gran medida al rácano planteamiento del gallego-, es de aplaudir las tardes de gloria que dio este equipo a su afición bajo el sol de Los Cármenes, con él al mando.

Goleadas y remontadas con las que el equipo contentaba a una hinchada que venía de un largo letargo en los bajos fondos del fútbol nacional y que Fabri, desde su modestia y tremenda sinceridad - a veces exagerada-, supo enamorar.

Una vez leí a Montero Glez decir que Luis Aragonés era uno de los pocos hombres que quedaban en el fútbol español con los pantalones bien puestos. Algo así como que soltaba verdades como puños. El título de su libro inspiró al de este blog, y su visión de Aragonés la mía de Fabri. Uno de los últimos John Wayne del fútbol nacional, pese a que se marchitara su flor.

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